He sido tu herida.
Teclas de un piano cerrado.
Las hojas de otoño por el piso.
Y el viento...
Tus pieles menguas
en penumbras
y criticas tu inocencia
de espejo roto...
No me cantes a los ojos.
Oh tu, mirada ausente.
No me cantes austero,
Que aunque orgullo veo,
Me desvaneces.
Dime más tarde, a veces,
Dime tu canto al oido
Quiero de noche ser tanto
Para jugarte escondido.
Mi piel ha muerto bajo tus ojos.
Mi piel manchada por tu amor, con dolor, sufre tu ausencia una y mil veces.
Sangro si te nombro.
Sangran mi memoria y mis anhelos.
Los pájaros negros han venido a por mí y han comenzado a devorar mis brazos.
Ya si pudiera abrazarte...
En el recuerdo de un beso me salva el silencio.
Sin embargo, mi piel se abre, seca, árida, sucia...
Ya no hay agua para mi sed y no es posible borrarte de ningún modo...
Como una agonía lenta y putrefacta va mueriendo en mí tu nombre y con tu nombre también va mi muerte.
Quiero este momento
Este silencio
Esta espera
Que augura soles y mañanas.
Hoy, esta silueta de lo desconocido.
Hoy, esta gracia de vivirlo.
Mis colores brillantes.
Brillantes mis emociones.
Iba hacia una canción.
Cualquier noche.
Y fueron las nubes,
el silencio,
¿quién sabe?
Esas texturas de amor,
Una decepción
Y un profundo arrepentimiento.
Lo que muere es una ilusión
de lo que nunca fuiste
y nunca serás para mí.
Los capullos rotos. Ya han volado.
Los vi desaparecer.
Queda el laberinto con sus falsas promesas.
Queda el agotamiento de las horas.
Para nunca más decir que "es para siempre".
Ciego, tus flechas en mi memoria, vas al juego del dolor.
Pero hay más, mucho más...
Más allá, el sol.
Más allá, la felicidad.
Una nueva canción.
Otro nombre.